viernes, 14 de agosto de 2026

Aunque camine por el valle de sombras de los hijos de puta

No me pareceré a ellos., no me convertiré en uno de ellos.

El señor es mi pastor, nada me faltará.

jueves, 13 de agosto de 2026

Sin lugar para los débiles

Hace unos días volví a ver la película No country for old men, (presentada en Argentina con el título Sin lugar para los débiles o  No es lugar para viejos), excelente, diferente, disruptiva, anti facilista película de los hermanos Coen, que entendí mucho mejor o, entendí distinto de lo que lo había hecho en su momento, hace casi vente años. Es que, hay que decirlo, el mundo era otro, mi país era otro, yo mismo era otro cuando la vi por primera vez en dos mil ocho.

No country for old men, nos deja varios mensajes poderosos que conviene pensar y repensar porque este tipo de arte no te lo entregan  masticado para que el espectador nada más  sea un simple espectador y trague lo que le están dando.  En esta publicación no vamos a hablar de las actuaciones que ya fueron suficientemente comentadas y elogiadas, todas excelentes desde Barden y Tommy Lee Jones hasta Josh Blayloch el chico de la bicicleta que le da su camisa a Anton Chigurh en su última escena. Porque hasta esa escena aparentemente intrascendente está cargada de significado simbólico, Chigurh tiene el accidente sale con un brazo roto y el hueso asomando, y los chicos que venían en bicicleta se acercan a ver qué pueden hacer, él le dice a uno de los chicos si le vende su camisa, y el chico se sacá la camisa sin dudar y se la dá, no quiere tomar los cien dólares, le dice: me gusta ayudar a la gente señor, y Chigurh tiene un leve gesto de contrariedad casi imperceptible, insiste y el chico toma el dinero,  Chigurh hace con la camisa un cabestrillo, mete el brazo roto, les dice ustedes no me vieron y se va caminando tranquilo. Podriamos interpretar que el mal a su paso, aún herido puede hacer daño, sin llegar al extremo de matar, sigue haciéndolo,  quitando hasta la inocencia del mundo.


Los malos son muy malos pero los buenos tampoco son angelitos. El personaje del bueno Llewelyn Moss, se deja tentar y ganar por la avaricia ( se queda con dinero ajeno, de un cártel de drogas, lo que ya de por si no es una buena idea), pero lo hace por buenas razones (algunas de ellas) y tiene gestos de bondad profundos, le lleva agua al narco moribundo y eso le cuesta que lo persigan, se guarda el dinero para su familia, cree que lo merece y los espectadores también lo creemos por aquello de que ladrón que roba a otro ladrón tiene cien años de perdón y porque trabaja de sol a sol, es un veterano que combatió por su país en una de sus              in-numerables guerras y vive miserablemente.en una casa prefabricada en medio del desierto. Lo matan a mitad de la película y ni siquiera nos muestran como fue.  Información  subliminal: el bueno, no importa lo que haga termina mal y no le importa realmente, lo que se dice, a nadie.

Otro personaje es el sheriff Bell  (Tommy Lee Jones) es el representante del órden teórico y llega tarde, siempre. Bell es uno de esos  viejos que ya no tienen lugar aquí * y finalmente se retira, se dá por vencido tristemente ante una realidad que lo supera, que lo aterra, porque ya no hay las reglas que él conoció. Este es un eje central de la historía; el sheriff desilucionado, y después de haber sentido la fuerza del miedo en la escena del crimen en el hotel va a visitar a su tío (viene de una familia de policías de varias generaciones) su tío le dice: tu mujer me comentó que te vas a retirar, "eso que te pasa les pasa a todos, no podés parar lo que viene, las cosas no te esperan, creer eso es vanidad."

En el mundo nostálgico del sheriff Tom Bell había reglas, hasta el crimen cumplia reglas, la mafia los pequeños delincuentes tenían reglas que se respetaban. Todo eso terminó, hoy en cualquier bocacalle un pibe cualquiera te puede robar, te puede decir a punta de arma, que le entregues todo y te puede matar por más que se lo dés. Un presidente de un país puede mandar a secuestrar al presidente de otro país para robarle el petróleo. Se puede matar a niños con tiros en la frente para despoblar Gaza y levantar en esas playas hoteles de lujo, todo se puede. ¿Porque? Porque así están las cosas porque todo es relativo y nada es más importante que su relato, porque el mundo es injusto, porque las madres no amamantan, los padres no ponen límites, ni siquiera están, ni siquiera se sabe quiénes son, las escuelas no preparan para nada en la vida real, los trabajos son peores que la indecencia, y sobre todo nada se puede cambiar nunca. 

Lo que viene ya está acá. Un mundo sin reglas. Niestzche no celebraba cuando dijo Dios ha muerto, no era un manifiesto ateísta.                                            Dios ha muerto significa esto que ahora nos toca vivir, el mundo donde todo es según los intereses de quién lo mira y de quién lo cuenta, no hay una verdad y si la hubiera no querríamos saberla, no hay ley ni órden posibles. Dios no ha muerto pero de momento el mal gobierna el mundo.   

      Anton Chigurh (Javier Barden) el malo de la película sale de todo vivito y coleando. Baleado en una pierna explota un auto para distraer y robar medicinas de una farmacia, con un brazo partido y un hueso expuesto por un accidente de tránsito se va caminando tranquilamente. El mal gana. 
Pero ¿Que pasaría si el mal ya no es como nos han enseñado toda la vida?                                                    El malo ya no es el villano que sabe que hace algo reprobable para obtener un beneficio y lo sabe y en el fondo es su vergüenza, además  sabe que puede ser castigado y disimula, encubre y huye para evitar ese castigo. La villania está en extinción. El nuevo mal es acéptico no se involucra emocionalmente. Se lava las manos meticulosamente. El nuevo mal es un engranaje, parte de una maquinaria que no se cuestiona a si misma, es la automatización del hombre. Las máquinas no iban a someternos corriendonos con un látigo, el hombre ya corre solito con la lógica fría y calculadora de la máquina.

Anton Chigurh es la maldad como fuerza de la naturaleza, mata como mata cualquier depredador, no tiene empatía, ni remordimiento, no tiene pasión ni humor, mata porque hace falta, no porque necesite matar, sino porque necesita algo y matando lo consigue más fácilmente, no es algo moral o inmoral es algo del sentido de lo utilitario. Algo que nos remite a Descartes y la razón utilitaria.la razón utilitaria que abrió camino a la modernidad se pregunta: ¿Porque hacemos lo que hacemos? Lo hacemos porque podemos, porque tenemos las herramientas técnicas o cientificas. Tuvimos las herramientas tecnológicas para arrasar la naturaleza y lo hicimos, nadie se preguntó si era bueno o malo. Tuvimos el conocimiento para crear armas nucleares que pueden extinguir la vida en la tierra  y lo hicimos. Hoy tenemos las herramientas tecnológicas para crear la IA que va a destruir a la sociedad como la conocemos y lo vamos a hacer, nadie se pregunta para qué, o ¿Con que beneficio? 

Anton Chigurh mata a casi todos los que cruza en la película, mata con una pistola de perno que se usa en los mataderos de ganado, aunque muchos no lo sepan o no quieran saberlo, la carne de las carnicerías, alguna vez fue un animal hermoso y vivo que quería seguir viviendo, pero hay una industria de la muerte de por medio, álguien se para enfrente de ese animal que lo mira aterrado, le apoya la pistola de perno entre los ojos y dispara, cae el animal y pasa el siguiente que ha visto toda la escena, de eso también somos cómplices los humanos. 

Chigurh reduce a sus víctimas a la categoría de ganado.

El nuevo mal con el rostro inquietante de Chigurh viene como una catástrofe natural, no se puede razonar con él, no se puede apelar, es una moneda que gira en el aire y si sale cruz estás muerto.

 No se puede cambiar nada como en nuestro sistema capitalista, las cosas son así porque el mercado lo decide. Y dicho así uno cree que el mercado sería una fuerza del órden natural o divino, pero no.

Este tipo de maldad permea la civilización moderna. Los Anton Chigurh de la vida están en la cima de las corporaciones multinacionales, están en los bancos mundiales, están en todos los gobiernos, en los servicios de inteligencia, en los ejércitos y las policías, en las fábricas, a la vuelta de la esquina y si tenés muy mala suerte tenés uno en tu casa.

Para Mary Shelley, la autora de Frankenstein, los monstruos no nacen sino que se hacen. Estamos frente a un tipo de mal que parece nuevo y no sé si se hace de los condicionantes y determinantes sociales, culturales y económicos del sistema actual o si ya vienen así de fábrica, no lo sé sinceramente. 

Todo parece indicar que estos seres ya vienen formateados sin alma, hay niños sicópatas de eso no hay duda. 

Lo cierto es que el sistema premia a los sicópatas y a los narcisistas. El más sicópata llega más alto, no apretan el gatillo de pistolas de perno pero matan, explotan, enferman y esclavizan a la humanidad entera todos los días después del desayuno familiar. 

Hay tres personajes principales en No country for old men; Moss muerto, el sheriff rendido, retirado, nostálgico de un tiempo que ya no existe. El malo, lo vemos todos los días, se salió con la suya.                

No podemos cambiar lo que viene.


* La película está basada en el libro del mismo nombre del escritor Corman Mc Carthy de 2005, y este tomó el título del poema de William Butler Yeats, Sailing to Byzantium. Uno de sus versos dice:                

"An aged man is but a paltry thing. A tattered coat upon a stick"         (Un hombre anciano es algo insignificante.                                  Un abrigo harapiento sobre un palo)


Alejandro Ovejero | Agosto 2026