jueves, 13 de agosto de 2026

Sin lugar para los débiles

Hace unos días volví a ver la película No country for old men, (presentada en Argentina con el título Sin lugar para los débiles o  No es lugar para viejos), excelente, diferente, disruptiva, anti facilista película de los hermanos Coen, que entendí mucho mejor o, entendí distinto de lo que lo había hecho en su momento, hace casi vente años. Es que, hay que decirlo, el mundo era otro, mi país era otro, yo mismo era otro cuando la vi por primera vez en dos mil ocho.

No country for old men, nos deja varios mensajes poderosos que conviene pensar y repensar porque este tipo de arte no te lo entregan  masticado para que el espectador nada más  sea un simple espectador y trague lo que le están dando. 

El personaje del bueno Llewelyn Moss hace el mal ( se queda con dinero ajeno, de un cártel de drogas, lo que ya de por si no es una buena idea), pero lo hace por buenas razones (algunas de ellas) y tiene gestos de bondad profundos, le lleva agua al narco moribundo y eso le cuesta que lo persigan, se guarda el dinero para su familia, cree que lo merece y los espectadores también lo creemos por aquello de que ladrón que roba a otro ladrón tiene cien años de perdón y porque trabaja de sol a sol, es un veterano que combatió por su país en una de sus              in-numerables guerras y vive miserablemente.en una casa prefabricada en medio del desierto. Lo matan a mitad de la película y ni siquiera nos muestran como fue.  Información  subliminal, el bueno, no importa lo que haga termina mal y no le importa realmente, lo que se dice, a nadie.

Otro personaje es el sheriff Bell  (Tommy Lee Jones) es el representante del órden teórico y llega tarde siempre. Bell es uno de esos  viejos que ya no tienen lugar aquí * y finalmente se retira, se dá por vencido tristemente ante una realidad que lo supera, que lo aterra, porque ya no hay las reglas que él conoció. Este es un eje central de la historía; el sheriff desilucionado, y después de haber sentido la fuerza del miedo en la escena del crimen en el hotel va a visitar a su tío (viene de una familia de policías de varias generaciones) su tío le dice: tu mujer me comentó que te vas a retirar, "eso que te pasa les pasa a todos, no podés parar lo que viene, las cosas no te esperan, creer eso es vanidad."

En el mundo nostálgico del sheriff Tom Bell había reglas, hasta el crimen cumplia reglas, la mafia los pequeños delincuentes tenían reglas que se respetaban. Todo eso terminó, hoy en cualquier bocacalle un pibe cualquiera te puede robar, te puede pedir que le des todo y te puede matar por más que se lo dés. Un presidente de un país puede mandar a secuestrar al presidente de otro país para robarle el petróleo, se puede matar a niños con tiros en la frente para despoblar Gaza y levantar en esas playas hoteles de lujo, todo se puede. ¿Porque? Porque así están las cosas porque todo es relativo y nada es sino su relato, porque el mundo es injusto, porque las madres no amamantan, los padres no ponen límites, ni siquiera están, ni siquiera se sabe quiénes son, ni obligados  pagan apenas la cuota alimentaria de sus hijos, las escuelas no preparan para nada, los trabajos son peores que la indecencia, y nada se puede cambiar nunca. 

Lo que viene ya está acá. Un mundo sin reglas. Niestzche no celebraba cuando dijo Dios ha muerto, no era un manifiesto ateísta.                                            Dios ha muerto significa esto que ahora nos toca vivir, el mundo donde todo es relativo, dónde no hay ley ni orden posibles. El mundo donde el mal ha ganado.   

      Anton Chigurh (Javier Barden) el malo de la película sale vivo y coleando, baleado en una pierna explota un auto para distraer y robar medicinas de una farmacia, con un brazo partido y un hueso expuesto por un accidente de tránsito se va caminando tranquilamente. El mal gana. 
Pero ¿Que pasaría si el mal ya no es como nos han enseñado toda la vida?                                                    El malo ya no es el villano que sabe que hace algo reprobable para obtener un beneficio y lo sabe y en el fondo es su vergüenza. La villania está en extinción. El nuevo mal es acéptico. Se lava las manos meticulosamente. El nuevo mal es un engranaje, parte de una maquinaria que no se cuestiona a si misma, es la automatización del hombre. Las máquinas no iban a someternos corriendonos con un látigo, el hombre ya corre solito con la lógica fría y calculadora de la máquina.

Anton Chigurh es la maldad como fuerza de la naturaleza, mata como mata cualquier depredador, no tiene empatía, ni remordimiento, no tiene pasión ni humor, mata porque hace falta, no porque necesite matar, sino porque necesita algo y matando lo consigue más fácilmente, no es algo moral o inmoral es algo del sentido de lo utilitario. Algo que nos remite a Descartes y su razón utilitaria.¿Porque hacemos lo que hacemos? Porque podemos, porque tenemos las herramientas. Tuvimos las herramientas tecnológicas para arrasar la naturaleza y lo hicimos, nadie se pregunto si era bueno o malo, tuvimos el conocimiento para crear armas nucleares y lo hicimos, hoy tenemos las herramientas tecnológicas para crear la IA que va a destruir la sociedad como la conocemos y lo vamos a hacer, nadie se pregunta para qué, o ¿Con que beneficio? 

Anton Chigurh mata a casi todos los que cruza en la película, mata con una pistola de perno que se usa en los mataderos de ganado, aunque muchos no lo sepan o no quieran saberlo, la carne de las carnicerías, alguna vez fue un animal hermoso y vivo que quería seguir viviendo, pero hay una industria de la muerte, álguien se para enfrente de ese animal que lo ve con los ojos aterrados le apoya la pistola de perno entre los ojos y dispara, cae el animal y pasa el siguiente que ha visto toda la escena, de eso también somos cómplices los humanos. 

Chigurh reduce a sus víctimas a la categoría de ganado.

El nuevo mal con el rostro inquietante de Chigurh viene como una catástrofe natural, no se puede razonar con él, no se puede apelar, es una moneda que gira en el aire y si sale cruz estás muerto.

 No se puede cambiar nada como en el sistema capitalista, las cosas son así porque el mercado lo decide y toda la humanidad lo tiene que padecer porque no se puede cambiar nada, los sicópatas manejan los hilos.

Este tipo de maldad permea la civilización moderna. Los Anton Chigurh de la vida están en la cima de las corporaciones multinacionales, están en los bancos mundiales, están en todos los gobiernos, en los servicios de inteligencia, en los ejércitos y las policías, en las fábricas, a la vuelta de la esquina y si tenés muy mala suerte tenés uno en tu casa.

Para Mary Shelley, la autora de Frankenstein, los monstruos no nacen sino que se hacen. Estamos frente a un tipo de mal que parece nuevo y no sé si se hace de los condicionantes y determinantes sociales, culturales y económicos del sistema actual o si ya vienen así de fabrica, no lo sé sinceramente. 

Todo parece indicar que estos seres ya vienen formateados sin alma, hay niños sicópatas de eso no hay duda. 

Lo que si es creación del sistema es el hecho de que el sistema premia a los sicópatas. El más sicópata llega más alto, no apretan el gatillo de pistolas de perno pero matan, explotan, enferman y esclavizan a la humanidad entera todos los días después del desayuno familiar. 

Hay tres personajes principales en No country for old men; Moss muerto, el sheriff rendido, retirado, nostálgico de un tiempo que ya no existe. El malo, lo vemos todos los días, se salió con la suya. 

No podemos cambiar lo que viene.

El mal gobierna este mundo de tinieblas. 


* La película está basada en el libro del mismo nombre del escritor Corman Mc Carthy de 2005, y este tomó el título del poema de William Butler Yeats, Sailing to Byzantium. Uno de sus versos dice:                "An aged man is but a paltry thing. A tattered coat upon a stick"

(Un hombre anciano es algo insignificante.                                  Un abrigo harapiento sobre un palo)


Alejandro Ovejero | Agosto 2026